El dinosaurio que cambia la historia de las aves
El hallazgo del esqueleto de un fósil de terópodo, de hace 150 millones de años, en China, ha dado un vuelco a lo que hasta ahora se ha sabido sobre las primeras aves que volaron sobre la Tierra, e incluso a la propia definición de lo que es o no un ave.
El fósil ha sido bautizado como 'Xiaotingia zhengi' y es un pariente del género de los 'Arqueoptérix', que desde hace 150 años se consideraba el ave más primitiva. Desde entonces, cuando aún vivía Charles Darwin y se consideró el eslabón perdido que las relacionaba con los reptiles, se han encontrado hasta 10 ejemplares en Alemania, cuyas características acabaron considerándose el paradigma de las primeras aves del planeta.
Pero este papel estelar de los 'Arqueoptérix' ha tocado a su fin con el 'X. zhengi', un terópodo de menos de un kilo de peso que vivió en el Jurásico en la región donde se encuentra la Formación Tiaojishan, una mina de fósiles de la provincia de Liaoning.
Sus descubridores -Xing Xu, Hailu You y Fenglu Han- publican en 'Nature' esta semana que su terópodo no es un ave, pero tiene unas alas tan robustas y emplumadas como las que hasta ahora sólo se atribuían a las aves. Sin embargo es un Deinonicosaurio, un pequeño y feroz dinosaurio, como aseguran que también serían los 'Arqueoptérix', con los que comparten esta característica. Es decir, ninguno de dos los estaría en la filogenia de las aves y pasarían a formar parte del extenso grupo de dinosaurios con plumas.
Para el catedrático de Paleontología José Luis Sanz se trata de una hipótesis "muy interesante", puesto que acaba con la convención científica de lo que se considera un ave y lo que no, si bien apunta que en los últimos años se están descubriendo un gran número de dinosaurios emplumados en China de los que aún no se ha hecho un estudio exhaustivo. "Cada vez tenemos más animales con caracteres más similares y es más difícil establecer definiciones", explica el investigador, director del yacimiento de Las Hoyas (Cuenca).
Más información: http://www.nature.com/news/2011/110727/full/news.2011.443.html
El fósil ha sido bautizado como 'Xiaotingia zhengi' y es un pariente del género de los 'Arqueoptérix', que desde hace 150 años se consideraba el ave más primitiva. Desde entonces, cuando aún vivía Charles Darwin y se consideró el eslabón perdido que las relacionaba con los reptiles, se han encontrado hasta 10 ejemplares en Alemania, cuyas características acabaron considerándose el paradigma de las primeras aves del planeta.
Pero este papel estelar de los 'Arqueoptérix' ha tocado a su fin con el 'X. zhengi', un terópodo de menos de un kilo de peso que vivió en el Jurásico en la región donde se encuentra la Formación Tiaojishan, una mina de fósiles de la provincia de Liaoning.
Sus descubridores -Xing Xu, Hailu You y Fenglu Han- publican en 'Nature' esta semana que su terópodo no es un ave, pero tiene unas alas tan robustas y emplumadas como las que hasta ahora sólo se atribuían a las aves. Sin embargo es un Deinonicosaurio, un pequeño y feroz dinosaurio, como aseguran que también serían los 'Arqueoptérix', con los que comparten esta característica. Es decir, ninguno de dos los estaría en la filogenia de las aves y pasarían a formar parte del extenso grupo de dinosaurios con plumas.
Para el catedrático de Paleontología José Luis Sanz se trata de una hipótesis "muy interesante", puesto que acaba con la convención científica de lo que se considera un ave y lo que no, si bien apunta que en los últimos años se están descubriendo un gran número de dinosaurios emplumados en China de los que aún no se ha hecho un estudio exhaustivo. "Cada vez tenemos más animales con caracteres más similares y es más difícil establecer definiciones", explica el investigador, director del yacimiento de Las Hoyas (Cuenca).
Más información: http://www.nature.com/news/2011/110727/full/news.2011.443.html
La superioridad numérica del 'Homo sapiens' acabó con los neandertales
- La población de humanos modernos era 10 veces mayor hace 40.000 años
- Los investigadores han analizado todos los yacimientos paleolíticos franceses
- Los 'sapiens' poseían mejores armas para cazar que los neandertales
- Se desconoce si se encontraron en Europa, pero si competían por los recursos
La desaparición de los neandertales en Europa a raíz de la llegada de los humanos modernos desde África, hace unos 40.000 años, es una parte de la prehistoria plagada de incógnitas. Durante 300.000 años, los primeros dominaron el continente, adaptándose a las duras condiciones de la Edad de Hielo, pero en pocos milenios dejaron de existir, los últimos en el sur de la Península Ibérica, hace unos 28.000 años.
Una nueva investigación de la Universidad de Cambridge, publicada esta semana en 'Science', revela ahora que los 'Homo sapiens' que habitaron por entonces en Europa eran hasta 10 veces más en número que los neandertales, una supremacía que, según los autores, dirigidos por Sir Paul Mellars, fue un factor determinante en la extinción de sus parientes evolutivos.
Mellars y su alumna Jennifer C. French determinaron este porcentaje tras analizar los restos arqueológicos encontrados en todo el sudeste de Francia, región en la que se concentran un buen número de yacimientos tanto de neandertales como de cromañones. Encontraron que era mucho mayor el número total de asentamientos de 'sapiens', así como la densidad que habían dejado de utensilios de piedra y de restos de comida, lo que indica que eran grupos grandes con una gran integración social.
Mellars y French defienden que esta situación generaría confrontaciones entre ambas especies al querer hacerse con las localizaciones mejores en el suministro de alimentos y agua, conflictos en los que, afirman, la mayor coordinación de los humanos modernos les asegurarían el éxito.
Los 'sapiens' tenían una tecnología mucho más avanzada (por ejemplo, las lanzas de largo alcance) y se cree que contaban con procedimientos más eficaces para conservar la carne. Seguramente, apuntan, también contactarían con grupos sociales cercanos, comerciando con alimentos.
No está claro que los neandertales tenían menos capacidades mentales que los cromañones. Es algo que aún está en discusión. Pero Mellars destaca que el arte simbólico generalizado en las cuevas, la profusión de objetos decorativos y símbolos grabados en huesos indican que tenían un sistema elaborado de comunicación, quizás una lengua, que no se ha podido probar en los neandertales.
"En cualquier caso, parece que las innovaciones tecnológicas y el comportamiento permitieron a los humanos modernos invadir y sobrevivir en más cantidad que los neandertales en toda Europa. Frente a su competencia, éstos se fueron retirando a regiones marginales y menos atractivas del continente, en espacios donde fueron disminuyendo hasta su desaparición, coincidiendo con un deterioro del clima hace unos 40.000 años", afirma Mellars.
En los últimos años, las más recientes investigaciones han puesto fin a la imagen de los neandertales como humanos toscos y sin intelecto. Ahora se sabe que tenían el gen que facilita el habla, aunque se desconoce cómo se comunicaban, que enterraban con rituales a sus muertos, que cocinaban y sus herramientas, si bien toscas, eran eficaces.
Sobre su extinción, se ha aludido a la poca diversidad genética entre unas poblaciones que nunca llegaron a ser numerosas, lo que contrasta con el crecimiento poblacional de los recién llegados que constata este trabajo.
Evidencias de microfósiles de bacterias en la Formación Strelley Pool.|'Nature Geoscience'
Una nueva investigación de la Universidad de Cambridge, publicada esta semana en 'Science', revela ahora que los 'Homo sapiens' que habitaron por entonces en Europa eran hasta 10 veces más en número que los neandertales, una supremacía que, según los autores, dirigidos por Sir Paul Mellars, fue un factor determinante en la extinción de sus parientes evolutivos.
Mellars y su alumna Jennifer C. French determinaron este porcentaje tras analizar los restos arqueológicos encontrados en todo el sudeste de Francia, región en la que se concentran un buen número de yacimientos tanto de neandertales como de cromañones. Encontraron que era mucho mayor el número total de asentamientos de 'sapiens', así como la densidad que habían dejado de utensilios de piedra y de restos de comida, lo que indica que eran grupos grandes con una gran integración social.
Conflicto entre especies
Como los cromañones vivían cerca de los grupos locales de neandertales, tenían que competir con ellos para cazar los renos, caballos, bisontes y ciervos que eran la base de su alimentación. También, según estos autores, tenían que compartir el escaso combustible (la madera) que había por entonces en la zona, fundamental para soportar los fríos inviernos glaciares.Mellars y French defienden que esta situación generaría confrontaciones entre ambas especies al querer hacerse con las localizaciones mejores en el suministro de alimentos y agua, conflictos en los que, afirman, la mayor coordinación de los humanos modernos les asegurarían el éxito.
Los 'sapiens' tenían una tecnología mucho más avanzada (por ejemplo, las lanzas de largo alcance) y se cree que contaban con procedimientos más eficaces para conservar la carne. Seguramente, apuntan, también contactarían con grupos sociales cercanos, comerciando con alimentos.
No está claro que los neandertales tenían menos capacidades mentales que los cromañones. Es algo que aún está en discusión. Pero Mellars destaca que el arte simbólico generalizado en las cuevas, la profusión de objetos decorativos y símbolos grabados en huesos indican que tenían un sistema elaborado de comunicación, quizás una lengua, que no se ha podido probar en los neandertales.
Nuevos patrones de comportamiento
Estos patrones de comportamiento se desarrollaron entre los 'Homo sapiens', defiende Mellars, al menos 20.000 o 30.000 años antes de que la especie abandonara África y fuera colonizando Asia y Europa, reemplazando a homínidos anteriores desde hace 60.000 años. Si, como sugiere la evidencia genética, 'sapiens' y neandertales evolucionaron por separado durante medio millón de años, no sería raro que hubiera diferencias significativas en su capacidad mental, como ha demostrado la secuenciación de ambos genomas."En cualquier caso, parece que las innovaciones tecnológicas y el comportamiento permitieron a los humanos modernos invadir y sobrevivir en más cantidad que los neandertales en toda Europa. Frente a su competencia, éstos se fueron retirando a regiones marginales y menos atractivas del continente, en espacios donde fueron disminuyendo hasta su desaparición, coincidiendo con un deterioro del clima hace unos 40.000 años", afirma Mellars.
En los últimos años, las más recientes investigaciones han puesto fin a la imagen de los neandertales como humanos toscos y sin intelecto. Ahora se sabe que tenían el gen que facilita el habla, aunque se desconoce cómo se comunicaban, que enterraban con rituales a sus muertos, que cocinaban y sus herramientas, si bien toscas, eran eficaces.
Sobre su extinción, se ha aludido a la poca diversidad genética entre unas poblaciones que nunca llegaron a ser numerosas, lo que contrasta con el crecimiento poblacional de los recién llegados que constata este trabajo.
Hallan fósiles de las bacterias más primitivas de la Tierra
Las rocas australianas se han convertido en el lugar más idóneo del planeta para buscar indicios del origen de la vida en la Tierra. Ha sido en la formación Strelley Poll, al oeste del país, en Pilbara, donde un equipo de científicos, australianos en su mayoría, ha descubierto los fósiles microscópicos de unas bacterias que vivieron hace 3.400 millones de años y que aparecen asociados a diminutos cristales de pirita.
El hallazgo, publicado en la revista 'Nature Geoscience' podría confirmar lo que hace ya algunos años habían planteado otros investigadores y que ha sido muy discutido por algunos colegas, que apuntan que las estructuras descubiertas podrían tener su origen en procesos abióticos, es decir, al margen de organismos vivos.
Las bacterias, según el estudio, habrían necesitado sulfuro para sobrevivir en un entorno en el que aún no existía casi el oxígeno, muy pocos cientos de millones de años después del gran bombardeo de meteoritos que sufrió la Tierra, que carecía de la atmosfera que hoy conocemos, por lo que las temperaturas eran muy elevadas.
Los investigadores utilizaron sofisticadas técnicas para probar que las estructuras elípticas, esféricas y tubulares que habían identificado eran organizaciones de múltiples células que, al metabolizar el sulfuro, produjeron los cristales de pirita que han encontrado. "La supervivencia a base de sulfuro es una característica que ya se pensaba que existió en las primeras fases de la Tierra, en concreto en el momento de transición entre un mundo no biológico y otro que si lo es", ha declarado David Wacey, uno de los autores, al periódico 'Sidney Morning Herald', según informa Efe.
Estos microfósiles, según los autores, serían unos 200 millones de años más antiguos que los que se habían descrito con anterioridad en la misma zona, cuyo hallazgo se publicó hace unos años en 'Nature'. "Este trabajo confirma que hace 3.400 millones de años existían bacterias que vivían sin oxígeno", asegura también el profesor de la Universidad de Oxford Martin Brasier, otro de los firmantes del artículo.
Una de las pruebas que aportan para datar la antigüedad de los fósiles es que las rocas en las que se encuentran se formaron entre dos erupciones volcánicas entre unos pocos millones de años.
Jesús Martínez-Frías, investigador en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), que visitó Pilbara hace unos años, reconoce que el trabajo es de gran interés "porque aporta nuevas evidencias isotópicas sobre la posible existencia de vida en épocas muy primigenias, con relaciones entre una morfología celular y probables productos de actividad biológica basados en el azufre".
De este modo, y aunque el hallazgo podría ser una nueva evidencia de que la vida surgió en la Tierra poco después de que su situación se estabilizara, el investigador del CAB cree que son necesarios más estudios de biogenicidad y para identificar unos criterios inequívocos que diferencias los marcadores que indican vida de los que son geológicos. "Estos criterios serán fundamentales para determinar el momento del origen de la vida en nuestro planeta y también para evitar confusiones cuando ésta se busque fuera de la Tierra", concluye.
Brasier, por su parte, recuerda que todavía en la actualidad estas bacterias que se alimentan de sulfuro son muy comunes y se encuentran en acequias, fuentes de aguas termales, respiraderos hidrotermales u otros lugares con poco oxígeno.
Mapa mundi con el porcentaje de herencia neandertal. De azul a rojo, de menos a más.|Science
El hallazgo, publicado en la revista 'Nature Geoscience' podría confirmar lo que hace ya algunos años habían planteado otros investigadores y que ha sido muy discutido por algunos colegas, que apuntan que las estructuras descubiertas podrían tener su origen en procesos abióticos, es decir, al margen de organismos vivos.
Las bacterias, según el estudio, habrían necesitado sulfuro para sobrevivir en un entorno en el que aún no existía casi el oxígeno, muy pocos cientos de millones de años después del gran bombardeo de meteoritos que sufrió la Tierra, que carecía de la atmosfera que hoy conocemos, por lo que las temperaturas eran muy elevadas.
Los investigadores utilizaron sofisticadas técnicas para probar que las estructuras elípticas, esféricas y tubulares que habían identificado eran organizaciones de múltiples células que, al metabolizar el sulfuro, produjeron los cristales de pirita que han encontrado. "La supervivencia a base de sulfuro es una característica que ya se pensaba que existió en las primeras fases de la Tierra, en concreto en el momento de transición entre un mundo no biológico y otro que si lo es", ha declarado David Wacey, uno de los autores, al periódico 'Sidney Morning Herald', según informa Efe.
Estos microfósiles, según los autores, serían unos 200 millones de años más antiguos que los que se habían descrito con anterioridad en la misma zona, cuyo hallazgo se publicó hace unos años en 'Nature'. "Este trabajo confirma que hace 3.400 millones de años existían bacterias que vivían sin oxígeno", asegura también el profesor de la Universidad de Oxford Martin Brasier, otro de los firmantes del artículo.
Una de las pruebas que aportan para datar la antigüedad de los fósiles es que las rocas en las que se encuentran se formaron entre dos erupciones volcánicas entre unos pocos millones de años.
Jesús Martínez-Frías, investigador en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), que visitó Pilbara hace unos años, reconoce que el trabajo es de gran interés "porque aporta nuevas evidencias isotópicas sobre la posible existencia de vida en épocas muy primigenias, con relaciones entre una morfología celular y probables productos de actividad biológica basados en el azufre".
Fósiles de las huellas de vida
No obstante, Martínez-Frías recuerda que las bacterias en sí no fosilizan, sino que lo que se encuentran son las huellas que dejaron y que en este caso no se trata de restos de actividad biológica. "La evidencia es indirecta principalmente a través de isótopos y no por la identificación de biomarcadores, que son compuestos orgánicos que proceden, inequívocamente, de la actividad metabólica de organismos; una relación isotópica no es "per se", un biomarcador, sino un geomarcador", explica el investigador.De este modo, y aunque el hallazgo podría ser una nueva evidencia de que la vida surgió en la Tierra poco después de que su situación se estabilizara, el investigador del CAB cree que son necesarios más estudios de biogenicidad y para identificar unos criterios inequívocos que diferencias los marcadores que indican vida de los que son geológicos. "Estos criterios serán fundamentales para determinar el momento del origen de la vida en nuestro planeta y también para evitar confusiones cuando ésta se busque fuera de la Tierra", concluye.
Brasier, por su parte, recuerda que todavía en la actualidad estas bacterias que se alimentan de sulfuro son muy comunes y se encuentran en acequias, fuentes de aguas termales, respiraderos hidrotermales u otros lugares con poco oxígeno.
Los neandertales mejoraron al ser humano no africano
Los neandertales, esos cercanos primos de la especie humana moderna que dejaron de existir hace 28.000 años, mejoraron la genética de los 'Homo sapiens' una vez que estos últimos salieron de África. Así se demuestra en un artículo, publicado esta semana en 'Science, en el que los autores han logrado identificar varios genes y regiones el ADN que furon aportados por los neandertales al sistema inmune que aún tenemos.
El estudio, dirigido por Peter Parham, de la Universidad de Stanford, ha sido posible una vez que se conocen los genomas tanto de los neandertales (homínidos que evolucionaron en Eurasia hace medio millón de años) como los denisovanos (una especie humana recién descubierta en Siberia, que habría poblado Asia y procedería de la misma rama evolutiva que los neandertales).
Investigaciones previas ya habían señalado que el cruce entre las tres especies humanas que compartían el planeta hace más de 60.000 años, se produjo en Eurasia, razón por la cual se identificó un 2,5% de ADN neandertal (de media) en todos los no africanos. También se detectó parte de ADN denisovano en poblaiones asiáticas, sobre todo de Melanesia, donde el porcentaje de ADN ancestral asciende a casi el 6%.
Pero se pensaba que es aportación de seres menos evolucionados no habría sido importante, algo que desmiente ahora el estudio. Los investigadores se centraron en el sistema inmune (conocido como HLA), porque está sometido a la presión de las enfermedades y muta con facilidad. Sospechaban que una parte podía venir de homínidos primitivos, dado que no eran habituales.
La comparación de secuencias genómicas les dió la razón: había varios genes en el HLA (como el B*51 o el C*07) que eran propios de la evolución de los neandertales y habían pasado a las poblaciones de humanos modernos, y lo mismo pasaba con una región llamada 'HLA class I'. Los porcentajes de presencia entre los europeos era de un 50%, los asiáticos un 80%, los de Papúa Nueva Guinea hasta un 95%, pero no estaban en los africanos.
La conclusión, indican los autores, es que "el mestizaje con otras especies mejoró a los humanos modernos". Así lo cree también Carles Lalueza-Fox, del CSIC, que ha secuenciado ya varios genes de neandertal: "Estos humanos se adaptaron durante cientos de miles de años a un entorno, en Eurasia, y crearon defensas inmunológicas frente a patógenos locales que luego se extendieron entre los humanos modernos".
Para los investigadores de Stanford se trata de un claro ejemplo de selección natural: aquellos que portaban los genes protectores, es decir, procedían de la hibridación con los neandertales, sobrevivieron en mayor medida que quienes no los tenían.
Lalueza-Fox, por su parte, indica que "pudo deberse al azar y luego se expandió a medida que aumentaban las poblaciones".
El estudio, dirigido por Peter Parham, de la Universidad de Stanford, ha sido posible una vez que se conocen los genomas tanto de los neandertales (homínidos que evolucionaron en Eurasia hace medio millón de años) como los denisovanos (una especie humana recién descubierta en Siberia, que habría poblado Asia y procedería de la misma rama evolutiva que los neandertales).
Investigaciones previas ya habían señalado que el cruce entre las tres especies humanas que compartían el planeta hace más de 60.000 años, se produjo en Eurasia, razón por la cual se identificó un 2,5% de ADN neandertal (de media) en todos los no africanos. También se detectó parte de ADN denisovano en poblaiones asiáticas, sobre todo de Melanesia, donde el porcentaje de ADN ancestral asciende a casi el 6%.
Pero se pensaba que es aportación de seres menos evolucionados no habría sido importante, algo que desmiente ahora el estudio. Los investigadores se centraron en el sistema inmune (conocido como HLA), porque está sometido a la presión de las enfermedades y muta con facilidad. Sospechaban que una parte podía venir de homínidos primitivos, dado que no eran habituales.
La comparación de secuencias genómicas les dió la razón: había varios genes en el HLA (como el B*51 o el C*07) que eran propios de la evolución de los neandertales y habían pasado a las poblaciones de humanos modernos, y lo mismo pasaba con una región llamada 'HLA class I'. Los porcentajes de presencia entre los europeos era de un 50%, los asiáticos un 80%, los de Papúa Nueva Guinea hasta un 95%, pero no estaban en los africanos.
Genes de los denisovanos
También encontraron dos genes que son propios del genoma de los denisovanos (la única especie descrita con un trozo de dedo y un diente) que están presentes en los asiáticos, sobre todo del oeste, pero que no aparecen en el genoma de los nacidos en África.La conclusión, indican los autores, es que "el mestizaje con otras especies mejoró a los humanos modernos". Así lo cree también Carles Lalueza-Fox, del CSIC, que ha secuenciado ya varios genes de neandertal: "Estos humanos se adaptaron durante cientos de miles de años a un entorno, en Eurasia, y crearon defensas inmunológicas frente a patógenos locales que luego se extendieron entre los humanos modernos".
Para los investigadores de Stanford se trata de un claro ejemplo de selección natural: aquellos que portaban los genes protectores, es decir, procedían de la hibridación con los neandertales, sobrevivieron en mayor medida que quienes no los tenían.
Lalueza-Fox, por su parte, indica que "pudo deberse al azar y luego se expandió a medida que aumentaban las poblaciones".
CIENCIA | Costará unos 230.000 euros
La Universidad Politécnica pondrá en órbita en 2013 el primer satélite valenciano
- La UPV será la primera universidad española en poner un satélite en órbita
- Su órbita se situará entre los 420 y los 500 km. de distancia de la Tierra
- Pesa aproximadamente tres kilogramos y tiene un coste de unos 230.000 euros
La Universidad Politécnica de Valencia (UPV) pondrá en órbita en 2013 un satélite equipado con tecnología para el desarrollo de las telecomunicaciones y el estudio de la Tierra y de sus capas atmosféricas, lo que constituirá el primer lanzamiento espacial de una institución académica española.
El satélite, presentado por representantes de esta Universidad y de las empresas responsables de su diseño, es de dimensiones reducidas (diez centímetros de ancho por treinta de largo), pesa aproximadamente tres kilogramos y tiene un coste, incluido el lanzamiento, de unos 230.000 euros.
Su órbita se situará entre los 420 y los 500 kilómetros de distancia de la Tierra, y tendrá unos dos años de vida útil.
El 'Politech.1', bautizado así por los responsables del proyecto, incluirá entre su equipamiento un sistema desarrollado por científicos de la NASA que sirve para analizar la composición de las capas atmosféricas y del viento solar.
También llevará una cámara telescópica para la toma de imágenes terrestres que están desarrollando investigadores de las escuelas de ingeniería de Geodesia, Cartografía, Topografía y Telecomunicaciones.
El satélite alojará además una serie de "novedosos" sensores de fibra óptica que serán probados en condiciones de vuelo espacial, proyecto que desarrolla el Instituto de Telecomunicaciones y Aplicaciones Multimedia.
Los datos que recoja serán enviados mediante un transmisor de radiofrecuencia y una antena desplegable de tecnología plana, que llegarán a dos receptores situados en una azotea de la Ciudad Politécnica de la Innovación, edificio que alberga el Laboratorio Europeo de Alta Potencia Radiofrecuencia para Espacio.
El satélite será visible desde este punto durante unos cuatro minutos al día, tiempo en el que se realizará la descarga de datos que será posteriormente procesados.
Según ha explicado el responsable técnico de la misión en la UPV, Vicente Boria, los prototipos de estas "cargas útiles", y el satélite en su conjunto una vez que hayan sido integradas, se medirán y validarán en condiciones de presión y temperatura muy similares alas de su órbita espacial.
Su desarrollo se culminará el próximo año, tiempo durante el cual se negociará su puesta en órbita con diferentes empresas especializadas en el lanzamiento de satélites que operan desde Rusia, Brasil, China y Ucrania.
El director técnico de la empresa ilicitana EMXYS, Francisco García, ha destacado la importancia de los experimentos que realizará en el campo de las capas atmosférica, un espacio "poco entendido e impredecible" que ha afectado a satélites como el UARS de la NASA, que cayó el pasado sábado sobre la Tierra de forma incontrolada.
El "Politech.1" es lo "suficientemente pequeño" para tener un bajo coste económico, pero lo bastante amplio para albergar instrumentos "muy complejos" que hace una década pesaban "veinte veces más", y que gracias a la nanotecnología han reducido ostensiblemente sus dimensiones.
Según ha señalado el vicerrector de Planificación e Innovación, Francisco Mora, la Politécnica será la primera universidad española en poner un satélite en órbita, y la quinta en Europa que emprende un proyecto así.
La iniciativa, financiada en su mayor parte por la Universidad, incluirá a dos equipos formados por alumnos que participarán en la recogida y análisis de resultados.
El investigador Dario Autiero durante la presentación de los resultados en Ginebra. | CERN.La publicación de un trabajo realizado en el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear) de Ginebra que demuestra que unas partículas, llamadas neutrinos, pueden viajar más rápido que la velocidad de la luz ha agitado a la comunidad científica durante todo el día y ha ocupado titulares en todos los medios de comunicación del mundo. Tal ha sido el revuelo que los autores de la investigación se han visto obligados a presentar sus resultados a sus colegas en un seminario abierto en la sede del CERN.
En una abarrotada sala de actos, uno de los firmantes del estudio publicado en 'High Energy Phisycs' de la Universidad de Cornell, Dario Autiero, ha presentado el experimento Opera y los resultados que han obtenido. Las mediciones corresponden a tres años de trabajo (2009, 2010 y 2011) en los que se han enviado neutrinos en multitud de ocasiones, según explicó Autiero durante casi dos horas de presentación.
Tras analizar los datos obtenidos, el equipo internacional al que pertenece el investigador italiano de la Universidad Claude Bernard de Lyon pudo sacar una conclusión sorprendente, pero que por más que han intentado refutar repasando toda la metodología, no han conseguido encontrar dónde está el error. Una corriente de neutrinos puede reorrer los 730 kilómetros que separan el CERN del laboratorio subterráneo del Gran Sasso en un tiempo 60 nanosegundos menor que lo que tardaría la luz.
"Hemos estado seis meses analizando los datos observados y que eran inexplicables", dice Auteiro. "No pretendemos hacer ninguna interpretación teórica de los resultados", sentenció Autiero al final de la presentación. Como ya dijo un portavoz de la investigación, los resultados son una locura y ponemos nuestros resultados a disposiión de los colegas para que alguien nos saque de esta locura. La prudencia ha sido la tónica general de la exposición del trabajo.
Los resultados se comenzaron a tomar en 2009 y se han seguido tomando en 2010 y 2011. Y durante todo ese tiempo los científicos han estado comprobando que las medidas estaban bien tomadas. La incertidumbre que se haya podido producir por diferentes causas (diseño de base, calibración, etcétera) es de tan sólo 7,4 nanosegundos, según han podido calcular los autores. Sigue siendo menor que los 60 nanosegundos que separaron a los neutrinos de la luz en el experimento. Un nanosegundo equivale a 0,0000000001 segundo, por lo que el experimento debe tener una precisión de medida fuera de toda duda.
A pesar de los envites de sus colegas, Autiero se defendió con solvencia ante las dudas y el escepticismo generalizado en la audiencia, que no pudo más que felicitar al autor por el trabajo y aplaudir con una sonada ovación el final del seminario.
"En 2005 el Fermilab dio a conocer unos resultados de este tipo, aunque la precisión en las medidas era baja, con lo que todo podría venir de fuentes de error experimental. El trabajo de OPERA ha sido precisamente disminuir esas imprecisiones, pero ello ha llevado a una complejidad instrumental, y sobre todo en el análisis que hace difícil -muy difícil- juzgar a la vista de la presentación si alguna de las muchas explicaciones alternativas es la correcta", escribió Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, en el En vivo de ELMUNDO.es
"La presentación ha sido impecable y ha presentado todas las objeciones que ellos mismos han puesto, y como han solventado las fuentes conocidas de error. Esto es un poderoso argumento a favor... pero ahora los físicos se irán a casa, leerán con calma el artículo y los datos y... me imagino, encontrarán lo que comentaba Rújula, el error cometido", aseguraba Armentia.
Mechón de pelo de un aborigen que se usó para obtener su ADN. | Science
El satélite, presentado por representantes de esta Universidad y de las empresas responsables de su diseño, es de dimensiones reducidas (diez centímetros de ancho por treinta de largo), pesa aproximadamente tres kilogramos y tiene un coste, incluido el lanzamiento, de unos 230.000 euros.
Su órbita se situará entre los 420 y los 500 kilómetros de distancia de la Tierra, y tendrá unos dos años de vida útil.
El 'Politech.1', bautizado así por los responsables del proyecto, incluirá entre su equipamiento un sistema desarrollado por científicos de la NASA que sirve para analizar la composición de las capas atmosféricas y del viento solar.
También llevará una cámara telescópica para la toma de imágenes terrestres que están desarrollando investigadores de las escuelas de ingeniería de Geodesia, Cartografía, Topografía y Telecomunicaciones.
El satélite alojará además una serie de "novedosos" sensores de fibra óptica que serán probados en condiciones de vuelo espacial, proyecto que desarrolla el Instituto de Telecomunicaciones y Aplicaciones Multimedia.
Los datos que recoja serán enviados mediante un transmisor de radiofrecuencia y una antena desplegable de tecnología plana, que llegarán a dos receptores situados en una azotea de la Ciudad Politécnica de la Innovación, edificio que alberga el Laboratorio Europeo de Alta Potencia Radiofrecuencia para Espacio.
El satélite será visible desde este punto durante unos cuatro minutos al día, tiempo en el que se realizará la descarga de datos que será posteriormente procesados.
Según ha explicado el responsable técnico de la misión en la UPV, Vicente Boria, los prototipos de estas "cargas útiles", y el satélite en su conjunto una vez que hayan sido integradas, se medirán y validarán en condiciones de presión y temperatura muy similares alas de su órbita espacial.
Su desarrollo se culminará el próximo año, tiempo durante el cual se negociará su puesta en órbita con diferentes empresas especializadas en el lanzamiento de satélites que operan desde Rusia, Brasil, China y Ucrania.
El director técnico de la empresa ilicitana EMXYS, Francisco García, ha destacado la importancia de los experimentos que realizará en el campo de las capas atmosférica, un espacio "poco entendido e impredecible" que ha afectado a satélites como el UARS de la NASA, que cayó el pasado sábado sobre la Tierra de forma incontrolada.
El "Politech.1" es lo "suficientemente pequeño" para tener un bajo coste económico, pero lo bastante amplio para albergar instrumentos "muy complejos" que hace una década pesaban "veinte veces más", y que gracias a la nanotecnología han reducido ostensiblemente sus dimensiones.
Según ha señalado el vicerrector de Planificación e Innovación, Francisco Mora, la Politécnica será la primera universidad española en poner un satélite en órbita, y la quinta en Europa que emprende un proyecto así.
La iniciativa, financiada en su mayor parte por la Universidad, incluirá a dos equipos formados por alumnos que participarán en la recogida y análisis de resultados.
FÍSICA | La prudencia domina la presentación de resultados en el CERN
'No haremos ninguna interpretación que ponga en duda las leyes de la Física'
En una abarrotada sala de actos, uno de los firmantes del estudio publicado en 'High Energy Phisycs' de la Universidad de Cornell, Dario Autiero, ha presentado el experimento Opera y los resultados que han obtenido. Las mediciones corresponden a tres años de trabajo (2009, 2010 y 2011) en los que se han enviado neutrinos en multitud de ocasiones, según explicó Autiero durante casi dos horas de presentación.
Tras analizar los datos obtenidos, el equipo internacional al que pertenece el investigador italiano de la Universidad Claude Bernard de Lyon pudo sacar una conclusión sorprendente, pero que por más que han intentado refutar repasando toda la metodología, no han conseguido encontrar dónde está el error. Una corriente de neutrinos puede reorrer los 730 kilómetros que separan el CERN del laboratorio subterráneo del Gran Sasso en un tiempo 60 nanosegundos menor que lo que tardaría la luz.
"Hemos estado seis meses analizando los datos observados y que eran inexplicables", dice Auteiro. "No pretendemos hacer ninguna interpretación teórica de los resultados", sentenció Autiero al final de la presentación. Como ya dijo un portavoz de la investigación, los resultados son una locura y ponemos nuestros resultados a disposiión de los colegas para que alguien nos saque de esta locura. La prudencia ha sido la tónica general de la exposición del trabajo.
Las dudas de los popes de la física
Los científicos más reputados del mundo son escépticos con los resultados e incluso han manifestado su desconfianza en que la metodología o la explicación teórica de los resultados sean las correctas. "Es prematuro comentar este experimento se necesitan más experimentos y clarificaciones", ha asegurado Stephen Hawking a 'Reuters'.Los resultados se comenzaron a tomar en 2009 y se han seguido tomando en 2010 y 2011. Y durante todo ese tiempo los científicos han estado comprobando que las medidas estaban bien tomadas. La incertidumbre que se haya podido producir por diferentes causas (diseño de base, calibración, etcétera) es de tan sólo 7,4 nanosegundos, según han podido calcular los autores. Sigue siendo menor que los 60 nanosegundos que separaron a los neutrinos de la luz en el experimento. Un nanosegundo equivale a 0,0000000001 segundo, por lo que el experimento debe tener una precisión de medida fuera de toda duda.
A pesar de los envites de sus colegas, Autiero se defendió con solvencia ante las dudas y el escepticismo generalizado en la audiencia, que no pudo más que felicitar al autor por el trabajo y aplaudir con una sonada ovación el final del seminario.
"En 2005 el Fermilab dio a conocer unos resultados de este tipo, aunque la precisión en las medidas era baja, con lo que todo podría venir de fuentes de error experimental. El trabajo de OPERA ha sido precisamente disminuir esas imprecisiones, pero ello ha llevado a una complejidad instrumental, y sobre todo en el análisis que hace difícil -muy difícil- juzgar a la vista de la presentación si alguna de las muchas explicaciones alternativas es la correcta", escribió Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, en el En vivo de ELMUNDO.es
"La presentación ha sido impecable y ha presentado todas las objeciones que ellos mismos han puesto, y como han solventado las fuentes conocidas de error. Esto es un poderoso argumento a favor... pero ahora los físicos se irán a casa, leerán con calma el artículo y los datos y... me imagino, encontrarán lo que comentaba Rújula, el error cometido", aseguraba Armentia.
GENÉTICA | Hallazgo publicado en la revista 'Science'
El genoma de los aborígenes australianos
Hasta ahora, la teoría más aceptada era que todos los humanos modernos derivan de una única onda migratoria desde África, hacia Europa, Asia y Australia. Sin embargo, una investigación publicada por un equipo internacional de investigadores en la revista 'Science' ha descifrado, por primera vez, el genoma completo de un aborigen australiano. Y los resultados permiten a los investigadores reinterpretar la prehistoria de nuestra especie.
El trabajo ha permitido demostrar que los aborígenes australianos descienden directamente de la primera expansión humana en Asia, que tuvo lugar hace 70.000 años, al menos 24.000 años antes de los movimientos de población que dieron origen a los actuales europeos y asiáticos. Los resultados implican que hoy en día los aborígenes australianos son de hecho los descendientes directos de las primeras personas que llegaron a Australia hace 50.000 años.
El estudio ha sido posible gracias a un mechón de pelo donado a un antropólogo británico por un aborigen de la región de Goldfields, en Australia Occidental, a a principios del siglo XX. Ha sido necesario esperar cien años, pero los investigadores han conseguido aislar el ADN de este mechón y lo han utilizado para explorar la genética de los primeros australianos.
Según la investigación, el genoma aborigen no tiene aporte genético de los australianos modernos que descienden de europeos. Los datos indican que los antepasados de los aborígenes australianos se separaron de los antepasados de otras poblaciones humanas hace entre 64.000 y 75.000 años. Los aborígenes australianos por lo tanto, descienden directamente de los primeros exploradores modernos, la gente que emigró desde Asia para llegar a Australia hace unos 50.000 años.
"Los aborígenes australianos descienden de los primeros exploradores humanos. Mientras los ancestros de los europeos y los asiáticos estaban asentados en algún lugar de África o del Medio Oriente, esperando aún para explorar el mundo, los antepasados de los aborígenes australianos se extendieron rápidamente y fueron los primeros humanos modernos en atravesar un territorio desconocido en Asia y, finalmente, cruzar el mar hacia Australia. Fue un viaje realmente increíble que debió haber exigido excepcionales habilidades de supervivencia y valentía", explica el profesor Eske Willerslev de la Universidad de Copenhague, que dirigió el estudio.
Recreación artística de un 'Homo ergaster'.|PNASInvestigadores de la Universidad de California han descubierto que los ancestros humanos sufrieron una mutación genética que les hizo resistentes contra enfermedades como la malaria, y esto favoreció la aparición del 'Homo sapiens' sobre la Tierra, la especie que este año alcanzará los 7.000 millones de ejemplares.
Los autores, bajo la batuta de Pascal Gagneux, profesor en la Universidad de Washington, publican esta semana en la revista 'Proceedings of National Academy of Science (PNAS), que hay un claro vínculo entre las moléculas de ácido siálico, un azúcar que se encuentra en la superficie de las células de todos los animales, y la selección darwinista.
Estas moléculas, que sirven de blanco para patógenos invasores porque interactúan con otras células y con el ambiente, hace millones de años eran idénticas entre todos los simios, incluidos los antepasados de los seres humanos. Todas eran del tipo conocido como ácido N-glycolylneuraminico o Neu5Gc.
Este cambio, según Gagneux, sucedió "en el mismo tiempo en el que aquellos homínidos se convertían en depredadores en su medio ambiente". "Es complicado estar seguro de lo que sucedió, porque la evolución es simultánea en muchos genes, pero sí sabemos que los humanos primitivos desarrollaron una inmunorespuesta a Neu5Gc. Sus sistemas inmunes lo reconocían como un intruso que debía ser destruido", apunta. Recuerda Gagneux que era el momento en el que comenzaban a comer más carne roja, una gran fuente de esta molécula, lo que pudo estimular aún más esta respuesta inmune.
Los investigadores defienden que esta respuesta frente a la molécula probablemente afectó a la reproducción. Dado que los embarazos de los mamíferos tienen un alto coste biológico para las hembras -incluso la vida, en algunos casos extremos- , pudo ocurrir que fuera necesario para ellas asegurarse que el esperma que fertilizaban sus óvulos fuera el mejor posible, por lo cual rechazarían los que llevaran la molécula Neu5Gc, que reducía sus posibilidades de éxito reproductivo.
Un segundo test consistió en acoplar ratones femeninos transgénicos (manipulados para no producir los 'anti-Neu5Gc') con machos que sí producían esta molécula. El resultado fue que la fertilidad de las hembras fue muy baja por incompatibilidad entre ambos. "A lo largo del tiempo esa incompatibilidad se iría reduciendo y al final se acabaría eliminando a los machos con Neu5Gc", concluye Gagneux, para quien no deja de resultar extraño que ese proceso de selección fuera más rápido cuando la fertilidad disminuye poco a poco que cuando es del 100%".
En palabras de Lalueza-Fox: "El esperma que tuviera ácido siálico en su superficie, y por tanto no tuviera la mutación que lo inactiva, se habría eliminado de la población por este mecanismo reproductivo (y quizás también porque tendrían una desventaja frente a algunos patógenos)".
Estos resultados, según Gagneux, dan peso al concepto de "especiación por la infección", es decir, al proceso por el cual una combinación de enfermedades infecciosas que afecta a una población de individuos concreta podría haber predispuesto a ese grupo a divergir de otras poblaciones de la misma especie, debido a que se generó una incompatibilidad reproductiva. En el caso de los primeros 'Homo', uno de esos factores pudo se la inmunidad femenina al gen Neu5Gc.
Esta pérdida del Neu5Gc, hace entre dos y tres millones de años, coincidió con la aparición del 'Homo ergaster/erectus', considerado el ancestro más probable de nuestra especie, por lo cual ese mecanismo inmune pudo estar implicado en la evolución.
Para el científico del CSIC "la idea original es la de que en el linaje humano hay no solo genes que han adoptado funciones evolutivamente nuevas respecto al chimpancé, sino que también hay genes que se han inactivado y que siguen siendo funcionales en el chimpancé".
Recreación del cometa Hartley 2, de dos kilómetros de largo. | NatureUn equipo de científicos, de diversas instituciones norteamericanas y europeas, ha encontrado restos de agua muy similar a la que ocupa tres cuartas partes de la Tierra en un lejano cometa. Se trata del 103P/Hartley 2, un cuerpo celeste originado en el Cinturón Kuiper, que es de la familia de Júpiter.
Hace tiempo que los cometas se han considerado, teóricamente, como una fuente de agua. Sin embargo, el ratio de concentración de deuterio e hidrógeno que se detectaba en estos cuerpos cósmicos -se midieron en seis cometas de la lejana Nube Oort- siempre daba unas proporciones muy diferentes de las que hay en nuestro planeta, lo que hacía perder fuerza a esta hipótesis. Algunas simulaciones indicaban que no más del 10% podía provenir de esa fuente.
En noviembre del año pasado, usando el Telescopio Espacial Herschel, de la Agencia Espacial Europea (ESA), un equipo de astrónomos, dirigido por Paul Hartogh, del Instituto Max Planck de Alemania, logró detectar la composición de un cometa, el Hartley 2, que se formó el Cinturón Kuiper. Determinaron que la proporción deuterio/hidrógeno en su agua era de 1,61, cuando en la Tierra es de 1,55. Hasta ahora, se habían detectado proporciones de 2,96 en los otros cometas estudiados.
"Estos resultados son una pieza fundamental en el gran rompecabezas de cómo y cuándo los océanos llegaron a ser lo que son, sin los cuales la vida no sería posible en la Tierra", ha señalado Edwin A. Bergin, uno de los coautores de este trabajo, de la Universidad de Michigan.
Con estas conclusiones, gana mucho peso la posibilidad de que el origen del agua, y de la vida, surgiera en estos cuerpos celestes hechos de hielo y rocas, que muy de cuando en cuando se pueden ver desde la Tierra. Otra hipotéticamente fuente, que defienden los investigadores, sería la actividad volcánica del interior del planeta, que liberó gases a la atmósfera.
«Los resultados demuestran que la cantidad de material que hay ahí fuera y que ha podido contribuir a los océanos terrestres es quizá mucho mayor de lo que se pensaba", concluye Bergin. De hecho, ese Cinturón Kuiper perdió el 97% de su masa hace 4.000 millones de años, en un momento de acercamiento de planetas que hizo salir despedido muchos cometas. Los impactos en la Luna crearon los cráteres que ahora vemos y en la Tierra trajeron el agua suficiente.
Para el investigador español Jesús Martínez-Frías, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), en el futuro "habrá que precisar mejor cómo encajan estos nuevos datos en los modelos que implican también mezclas de fluidos de la Tierra primitiva en las que se produjo fraccionamiento isotópico debido a otros procesos, tales como la desgasificación del manto terrestre, el hidrotermalismo asociado a los volcanes primigenios y la interacción con la atmósfera".
El trabajo ha permitido demostrar que los aborígenes australianos descienden directamente de la primera expansión humana en Asia, que tuvo lugar hace 70.000 años, al menos 24.000 años antes de los movimientos de población que dieron origen a los actuales europeos y asiáticos. Los resultados implican que hoy en día los aborígenes australianos son de hecho los descendientes directos de las primeras personas que llegaron a Australia hace 50.000 años.
El estudio ha sido posible gracias a un mechón de pelo donado a un antropólogo británico por un aborigen de la región de Goldfields, en Australia Occidental, a a principios del siglo XX. Ha sido necesario esperar cien años, pero los investigadores han conseguido aislar el ADN de este mechón y lo han utilizado para explorar la genética de los primeros australianos.
Según la investigación, el genoma aborigen no tiene aporte genético de los australianos modernos que descienden de europeos. Los datos indican que los antepasados de los aborígenes australianos se separaron de los antepasados de otras poblaciones humanas hace entre 64.000 y 75.000 años. Los aborígenes australianos por lo tanto, descienden directamente de los primeros exploradores modernos, la gente que emigró desde Asia para llegar a Australia hace unos 50.000 años.
"Los aborígenes australianos descienden de los primeros exploradores humanos. Mientras los ancestros de los europeos y los asiáticos estaban asentados en algún lugar de África o del Medio Oriente, esperando aún para explorar el mundo, los antepasados de los aborígenes australianos se extendieron rápidamente y fueron los primeros humanos modernos en atravesar un territorio desconocido en Asia y, finalmente, cruzar el mar hacia Australia. Fue un viaje realmente increíble que debió haber exigido excepcionales habilidades de supervivencia y valentía", explica el profesor Eske Willerslev de la Universidad de Copenhague, que dirigió el estudio.
GENÉTICA | Mediante selección sexual
Una mutación que protegía de la malaria favoreció el origen de los humanos
Los autores, bajo la batuta de Pascal Gagneux, profesor en la Universidad de Washington, publican esta semana en la revista 'Proceedings of National Academy of Science (PNAS), que hay un claro vínculo entre las moléculas de ácido siálico, un azúcar que se encuentra en la superficie de las células de todos los animales, y la selección darwinista.
Estas moléculas, que sirven de blanco para patógenos invasores porque interactúan con otras células y con el ambiente, hace millones de años eran idénticas entre todos los simios, incluidos los antepasados de los seres humanos. Todas eran del tipo conocido como ácido N-glycolylneuraminico o Neu5Gc.
El éxito de un gen inactivo
En el año 2005, los autores ya señalaron que este gen mutó hace unos tres millones de años y se quedó inactivo, permitiendo que la rama de nuestros antepasados se hiciera resistente al parasito de la malaria, tan común en África. Al mismo tiempo, empezaron a producir una variante de ácido siálico, la Neu5Ac. "La mutación podría representar en el linaje homínido una ventaja, al impedir el paso a algunos patógenos, por así decirlo, cerrándoles la puerta de entrada a las células", explica el experto español en ADN antiguo Carles Lalueza-Fox, del CSIC.Este cambio, según Gagneux, sucedió "en el mismo tiempo en el que aquellos homínidos se convertían en depredadores en su medio ambiente". "Es complicado estar seguro de lo que sucedió, porque la evolución es simultánea en muchos genes, pero sí sabemos que los humanos primitivos desarrollaron una inmunorespuesta a Neu5Gc. Sus sistemas inmunes lo reconocían como un intruso que debía ser destruido", apunta. Recuerda Gagneux que era el momento en el que comenzaban a comer más carne roja, una gran fuente de esta molécula, lo que pudo estimular aún más esta respuesta inmune.
Los investigadores defienden que esta respuesta frente a la molécula probablemente afectó a la reproducción. Dado que los embarazos de los mamíferos tienen un alto coste biológico para las hembras -incluso la vida, en algunos casos extremos- , pudo ocurrir que fuera necesario para ellas asegurarse que el esperma que fertilizaban sus óvulos fuera el mejor posible, por lo cual rechazarían los que llevaran la molécula Neu5Gc, que reducía sus posibilidades de éxito reproductivo.
Experimentos con esperma
Para probar esta hipótesis, expusieron esperma de un chimpancé, en el que la superficie de estas células es diferente del esperma humano en más de un 50%, a los anticuerpos humanos 'anti-Neu5Gc'. Y los anticuerpos mataron el esperma del mono 'in vitro'.Un segundo test consistió en acoplar ratones femeninos transgénicos (manipulados para no producir los 'anti-Neu5Gc') con machos que sí producían esta molécula. El resultado fue que la fertilidad de las hembras fue muy baja por incompatibilidad entre ambos. "A lo largo del tiempo esa incompatibilidad se iría reduciendo y al final se acabaría eliminando a los machos con Neu5Gc", concluye Gagneux, para quien no deja de resultar extraño que ese proceso de selección fuera más rápido cuando la fertilidad disminuye poco a poco que cuando es del 100%".
En palabras de Lalueza-Fox: "El esperma que tuviera ácido siálico en su superficie, y por tanto no tuviera la mutación que lo inactiva, se habría eliminado de la población por este mecanismo reproductivo (y quizás también porque tendrían una desventaja frente a algunos patógenos)".
Estos resultados, según Gagneux, dan peso al concepto de "especiación por la infección", es decir, al proceso por el cual una combinación de enfermedades infecciosas que afecta a una población de individuos concreta podría haber predispuesto a ese grupo a divergir de otras poblaciones de la misma especie, debido a que se generó una incompatibilidad reproductiva. En el caso de los primeros 'Homo', uno de esos factores pudo se la inmunidad femenina al gen Neu5Gc.
Esta pérdida del Neu5Gc, hace entre dos y tres millones de años, coincidió con la aparición del 'Homo ergaster/erectus', considerado el ancestro más probable de nuestra especie, por lo cual ese mecanismo inmune pudo estar implicado en la evolución.
Para el científico del CSIC "la idea original es la de que en el linaje humano hay no solo genes que han adoptado funciones evolutivamente nuevas respecto al chimpancé, sino que también hay genes que se han inactivado y que siguen siendo funcionales en el chimpancé".
ASTRONOMÍA | Investigación con la nave europea Herschel
El agua llegó a la Tierra a bordo de los cometas
- La investigación ha sido posible gracias al satélite europeo Herschel
- Se ha encontrado la misma proporción de deuterio e hidrógeno en el Hartley 2
- El director de Astrofisica del Max Planck considera un gran hallazgo
Hace tiempo que los cometas se han considerado, teóricamente, como una fuente de agua. Sin embargo, el ratio de concentración de deuterio e hidrógeno que se detectaba en estos cuerpos cósmicos -se midieron en seis cometas de la lejana Nube Oort- siempre daba unas proporciones muy diferentes de las que hay en nuestro planeta, lo que hacía perder fuerza a esta hipótesis. Algunas simulaciones indicaban que no más del 10% podía provenir de esa fuente.
En noviembre del año pasado, usando el Telescopio Espacial Herschel, de la Agencia Espacial Europea (ESA), un equipo de astrónomos, dirigido por Paul Hartogh, del Instituto Max Planck de Alemania, logró detectar la composición de un cometa, el Hartley 2, que se formó el Cinturón Kuiper. Determinaron que la proporción deuterio/hidrógeno en su agua era de 1,61, cuando en la Tierra es de 1,55. Hasta ahora, se habían detectado proporciones de 2,96 en los otros cometas estudiados.
"Estos resultados son una pieza fundamental en el gran rompecabezas de cómo y cuándo los océanos llegaron a ser lo que son, sin los cuales la vida no sería posible en la Tierra", ha señalado Edwin A. Bergin, uno de los coautores de este trabajo, de la Universidad de Michigan.
Diferencias con otros cometas
Los astrónomos creen que la composición del Hartley 2 es diferente de la de otros cometas precisamente porque se generó en una región distinta del Sistema Solar. Apuntan que fue en el Cinturón de Kuiper, que se encuentra cerca de Plutón, 30 veces más lejos del Sol que la Tierra. Los otros, sin embargo, se originaron en la llamada Nube Oort, que está 5.000 veces más lejos, en el exterior del Sistema Solar.Con estas conclusiones, gana mucho peso la posibilidad de que el origen del agua, y de la vida, surgiera en estos cuerpos celestes hechos de hielo y rocas, que muy de cuando en cuando se pueden ver desde la Tierra. Otra hipotéticamente fuente, que defienden los investigadores, sería la actividad volcánica del interior del planeta, que liberó gases a la atmósfera.
«Los resultados demuestran que la cantidad de material que hay ahí fuera y que ha podido contribuir a los océanos terrestres es quizá mucho mayor de lo que se pensaba", concluye Bergin. De hecho, ese Cinturón Kuiper perdió el 97% de su masa hace 4.000 millones de años, en un momento de acercamiento de planetas que hizo salir despedido muchos cometas. Los impactos en la Luna crearon los cráteres que ahora vemos y en la Tierra trajeron el agua suficiente.
Para el investigador español Jesús Martínez-Frías, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), en el futuro "habrá que precisar mejor cómo encajan estos nuevos datos en los modelos que implican también mezclas de fluidos de la Tierra primitiva en las que se produjo fraccionamiento isotópico debido a otros procesos, tales como la desgasificación del manto terrestre, el hidrotermalismo asociado a los volcanes primigenios y la interacción con la atmósfera".